Preguntas frecuentes

El objetivo de la Fundación María Cecilia es -tal como lo expresa nuestra misión-,

«Curar, aliviar y acompañar. Siempre».

Sabemos que los papás tienen muchas necesidades y exigencias:

  • De carácter emocional: shock, ansiedad, enojo, tristeza, incredulidad, impotencia, dificultades para dormir.
  • De carácter informativo: vocabulario médico, existencia de nuevos estudios, necesidad de aprender lugares en el hospital, nombres de médicos, dificultades para explicarle la enfermedad al resto de la familia y amigos.
  • De carácter práctico: desorden y caos en casa, cuidado de los otros hijos, presiones económicas, falta de tiempo, presiones laborales.
  • De carácter social: necesidad de relacionarse con nuevas personas (médicos y personal del hospital, otros padres, etc.), explicarle a los amigos, vecinos, escuela.
  • De carácter espiritual: incertidumbre respecto del futuro, incertidumbre acerca de Dios, fe, de la justicia en el mundo.

PREGUNTAS FRECUENTES SOBRE CANCER INFANTIL

CANCER INFANTIL

  • ¿Dónde se pueden encontrar datos sobre el cáncer infantil?

    Los datos sobre la incidencia del cáncer quedan reflejados en los registros oncológicos, aunque estos son menos frecuentes en los países de ingresos bajos y medianos que en los países de ingresos altos. El Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC), a través de su Iniciativa Mundial para el Desarrollo de Registros de Cáncer (GICR http://gicr.iarc.fr/) está tratando de reforzar las capacidades nacionales de los países de ingresos bajos y medianos en esta esfera.

  • ¿Qué posibilidades de curación tiene el cáncer infantil?

    En los países de ingresos altos, aproximadamente el 80% de los niños con cáncer sobreviven durante cinco años o más después del diagnóstico. La mejoría de estos resultados ha dado lugar a un creciente número de supervivientes a largo plazo que necesitan tratamiento y atención complementarios. El pronóstico es bastante peor para los niños con cáncer de los países de ingresos bajos y medianos, y ello por varios factores, tales como: el diagnóstico tardío del cáncer, que conlleva niveles más bajos de eficacia de los tratamientos; las carencias de los hospitales, desprovistos de los medicamentos y suministros adecuados; el padecimiento de otras enfermedades en el paciente; y la falta de conocimientos sobre el cáncer entre los dispensadores de atención primaria. Además, los tratamientos quedan simplemente fuera del alcance de muchos padres de entornos de escasos recursos que tendrían que pagar los gastos médicos de su propio bolsillo.

  • ¿Es posible la detección precoz del cáncer infantil?

    La mayoría de los cánceres infantiles inicialmente presentan signos y síntomas inespecíficos, lo que puede hacer que se detecten en fases ya avanzadas. En los países de ingresos altos, donde los niños suelen estar sometidos a una estrecha vigilancia tanto médica como parental, las posibilidades de una detección precoz son mucho más elevadas. En cambio, en los países de escasos recursos existen además otros obstáculos adicionales que dificultan una detección precoz, como la falta de acceso a los servicios de salud y la escasez de medios de diagnóstico.

  • ¿Reflejan las tasas de incidencia variaciones geográficas?

    No todos los países de ingresos bajos y medianos cuentan con registros oncológicos que permitan deducir las tasas de incidencia, por lo que es difícil tener una idea general de la importancia del cáncer infantil en las distintas partes del mundo. Según se desprende de la información disponible, parece haber grandes variaciones en la incidencia de algunos cánceres infantiles como la leucemia o los tumores del sistema nervioso central. Aunque esos tipos de cáncer rara vez se diagnostican, en el África subsahariana, por poner un ejemplo, la población presenta mayores tasas de incidencia de linfomas – en particular, del linfoma de Burkitt – que en otras regiones. Esto puede deberse a una mayor exposición a infecciones virales.

  • ¿Cuáles son los factores de riesgo?

    Hasta la fecha se han identificado tan solo unos pocos factores de riesgo en relación con el cáncer infantil, entre ellos las radiaciones ionizantes y la toma de dietilestilbestrol durante el embarazo (una hormona que ya no se utiliza como tratamiento). Algunos cánceres infantiles también guardan relación con la constitución genética, como sugieren las diferencias en las tasas de incidencia entre poblaciones étnicamente distintas. La predisposición individual, por razones genéticas, también puede ser un factor decisivo. Algunos estudios sugieren que ciertos virus como el EBV, el virus de la hepatitis B, el virus del herpes humano o el VIH también pueden incrementar el riesgo de padecer determinados cánceres infantiles.

  • ¿Cuáles son los tipos de cáncer infantil más frecuentes?

    Las características de la enfermedad en la niñez difieren considerablemente de las observadas en enfermos pertenecientes a otros grupos de edad. En general, la leucemia representa alrededor de una tercera parte de todos los cánceres infantiles. Los otros tumores malignos más comunes son los linfomas y los tumores del sistema nervioso central. Existen varios tipos tumorales que se dan casi exclusivamente en los niños, como los neuroblastomas, los nefroblastomas, los meduloblastomas y los retinoblastomas. En cambio, el cáncer de mama, el cáncer de pulmón, el cáncer de colon y el cáncer anorrectal, que suelen afectar a los adultos, son extremadamente raros en los niños.

  • ¿Qué incidencia tiene el cáncer infantil?

    El término «cáncer infantil» generalmente se utiliza para designar distintos tipos de cáncer que pueden aparecer en los niños antes de cumplir los 15 años. El cáncer infantil es poco frecuente, pues representa entre un 0,5% y un 4,6%* de la carga total de morbilidad por esta causa. Las tasas mundiales de incidencia oscilan entre 50 y 200 por cada millón* de niños en las distintas partes del planeta.

SOPORTE EMOCIONAL

ATENCIÓN A FAMILIAS

En la Fundación María Cecilia, acompañamos muy de cerca tanto al niño en tratamiento como a su familia. Creemos que es sumamente importante brindar una contención psicológica.

Conocemos las emociones que se despiertan en el contexto familiar y la necesidad de encontrar contención y empatía. Por eso, ofrecemos acompañarlos y brindarles nuestro apoyo para transitar este camino. Sabemos que es indispensable contar con un lugar en el que los papás puedan dialogar entre sí, darse mutuo apoyo y tener la oportunidad de conocerse y aceptar que no están solos.

La mayor fortaleza que Fundación María Cecilia puede brindarles es el amor de quienes la consolidamos para acompañarlos desde distintas áreas durante y posterior a la enfermedad.

LA ESCOLARIDAD DEL NIÑO

El niño en tratamiento oncológico se ve privado de poder mantener sus costumbres habituales, entre ellas el entorno escolar. Cuando el adulto espera que el niño continúe con su desarrollo escolar, le está diciendo indirectamente que tiene un futuro.

Asistir a la escuela permite que los niños llenen su potencial y desarrollo, por eso el regreso al salón de clases es un factor normalizante después de la hospitalización. Si bien hay tareas que el niño se ve afectado a interrumpir, es importante potenciar aquellas que sí puede continuar. Esto permite que sus habilidades cognitivas y sociales sigan desarrollándose.

La vuelta al colegio le permite mantenerse conectado con una vida normal y le refuerza la esperanza de curarse. Estudios desarrollados en diferentes países demuestran que aquellos niños que mejor se readaptaron, fueron los que se habían mantenido en contacto con los maestros de la escuela de origen a lo largo del tratamiento; pues se había mantenido la identidad del niño como miembro del grupo.

 

El niño con cáncer necesita ser visto en la escuela primariamente como un estudiante, y no como un paciente. La escuela provee un refugio donde el niño puede estar libre de los cuidados y preocupaciones del hospital. Por tal motivo, es recomedable que los padres, médicos y maestros mejoren la conciencia de la importancia de continuar la socialización con sus pares durante el período de tratamiento.

Esto permite limitar las consecuencias que pueden tener al reentrar en la escuela una vez completado el tratamiento. La entrada a la escuela de los niños con cáncer marca el regreso a las actividades propias de la edad, un proceso lleno de cambios y ajustes.

El oncólogo pediatra desempeña un papel clave para proveer de instrucciones al niño, a la familia, a otros miembros del equipo de salud y escolar acerca de este proceso.

En resumen, la continuidad escolar del niño con cáncer es de suma importancia, ya que le transmite un mensaje de perspectiva en el futuro, y la atención educativa como parte del tratamiento médico, le permite desarrollar sus habilidades sociales y cognitivas.

 

Texto «Reintegración del niño con cáncer en la escuela», Sandra Flor Páez Aguirre, Sección Médica, Servicio Oncología Pediátrica, Centro Médico Nacional 20 de Noviembre, ISSSTE, México D.F., México. Publicado en la Gaceta Mexicana de Oncología de la Sociedad Mexicana de Oncología A.C. Diciembre 2015.

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  • Para que puedan encontrar un lugar de contención, a través de la excelencia profesional de nuestro equipo médico.
  • Para que no se sientan solos o desesperanzados.